viernes, 11 de diciembre de 2009

VACACIONES...




“Se me ha esfumado ese único mes legal de vacaciones y apenas he tenido tiempo de terminar el libro que había reservado para leer en libertad, sin horarios restrictivos ni prisas.
Un mes demasiado corto...
He sido libre durante un brevísimo ciclo lunar, y ahora se me ocurre pensar, con nostalgia, en la suerte del vagabundo vocacional con anchos caminos que recorrer, o en el extraño amigo que se fue a Oriente para volver no se sabe cuándo, o en ese otro que se enroló en un barco que cumple una misión en la Antártida..., en esos pocos, libres de ataduras, pienso.
Demasiado corto...
Yo regresaré con la misma luna llena que me depositó sobre un paisaje diferente y ella misma me devolverá a los oscuros días iguales. Y ni siquiera he tenido tiempo de terminar el libro que reservé para leer en un mes de libertad.
Libertad...
Oriente, la Antártida, los trotamundos, las aventuras...
¡Demasiado corto, vive Dios!”

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Hace mucho tiempo que escribí estas cosas en una agenda que encuentro ahora en el fondo de un cajón, y muchos años después oigo clamores extraños acerca de esa, parece ser, enfermedad que llaman “síndrome post-vacacional” cuyos síntomas describen al “enfermo” como un ser deprimido y falto de motivación porque ha de enfrentarse al trabajo cotidiano. Once meses por delante hasta que llegue otra vez el merecido descanso. Y los médicos preparan sus papeles para diagnosticar y recetar sus medicamentos a esta caravana de enfermos a lo Moliere que arrastran su existencia como quien transporta un saco de cemento. Según estadísticas, aún no ha habido defunciones a causa de esta dolencia pero bajas, una barbaridad. Y yo, qué diablos quieren que les diga…
Mis coetáneos y yo nos dolíamos de que el tiempo de vacaciones transcurriera a tal velocidad sin dejarnos siquiera acabar de leer el preceptivo libro, nos ponía tristes el ver que nuestras vidas carecieran de las aventuras que el intrépido Ulises, y otros de su calaña, se habían montado…, pero de ahí a crear una enfermedad digna de ser tipificada e incluida en los libros de medicina, ¡válgame el cielo! Con razón hay tantos psicólogos en activo.
Hay que ver cómo cambian los tiempos… Y no hace tanto que mis coetáneos y yo estábamos sólo añorando el tiempo que se fue, sin siquiera necesitar para volver al trabajo una simple aspirina.
Y si el dolor persistiera, pregunten, pregunten por ahí si hay algún barco que se vaya a la Antártica, carajo. Y tomen sólo billete de ida, pero no se quejen, hombre, ¡hagan!

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