ROJO - ANARANJADO - AMARILLO - VERDE - AZUL - AÑIL - VIOLETASiete colores... Seguramente aparecieron con la primera explosión, con el Big-Bang... ¿imaginan?
¿Imaginan ese momento en el que todos los colores estaban muy juntos, ocupando incomprensiblemente el mismo lugar -aunque con su exclusivo proyecto agazapado- esperando cada uno el momento de desperezarse y crecer por separado? El rojo, saliendo de la tal vez incolora nada para iluminar el trozo de nada que, haciendo camino al andar, empezaba a ser...; el verde, adelantando bosques, como así el azul evocando mares y cielos; el amarillo, cuna de soles y millones de astros en su regazo...
Pero eso nos queda ya tan lejos...
Sin embargo, desde entonces por ahí campan los siete haciendo que, acá en la Tierra, el otoño sea ocre, que las cumbres marrones y verdes de las montañas se llenen de blanco durante los inviernos, que en primavera se mezclen todos en anárquico desorden conchabados con el sol, un sol que va creciendo en potencia y va camino de transformarse en fuego...
Por ahí andan aún los colores, digo, haciendo que los tiempos y las cosas sean esas y no otras, identificando lo que está verde de lo que maduro, el rubor de la frialdad, el bulbo de la flor...
Pero... ¿qué tendrán por dentro? ¿Por qué les hemos dado ese lenguaje que los identifica con la vida, la lividez, la muerte, el amor, el dinero...?
¿Lo saben ustedes?
Ya sé, ya sé que esto son pequeñeces que no merecen ni una gacetilla en los periódicos de hoy que, por cierto, vienen cargados de guerras e iniquidades humanas. No hay nada en estos temas que sea considerado noticia, lo que no deja de ser una verdadera pena.
Pero yo, ya saben ustedes, por ahora me dedico a crónicas de menor cuantía.
No hay comentarios:
Publicar un comentario